La literatura, el arte y los libros en general han acompañado el paso de la humanidad a lo largo del planeta, sin importar las adversidades enfrentadas o el traspaso a nuevas tecnologías. Su apoyo a la raza humana es invaluable; condensar su impacto desde la aparición de la escritura hasta la fecha sería una tarea imposible de culminar. Sin embargo, Irene Vallejo mezcla con avidez las fronteras entre narración y ensayo, mientras hace que las líneas entre el mundo clásico y el presente se difuminen. Esta reunión de épocas, géneros y textos abre diversas ventanas hacia el universo histórico de los libros, mientras su propia vida se inscribe en el fondo.
Su obra, El infinito en un junco, celebra algunos de los momentos más destacados que vivió el libro a lo largo del tiempo, como la aparición de la escritura, del alfabeto y del sistema editorial.
Al disipar los límites entre géneros literarios a través de una narrativa vinculada a la posficción, la escritora recuerda a sus lectores el valor y presencia de la historia antigua en el presente. Este rasgo, tan característico de Irene Vallejo, le ha valido un considerable número de reconocimientos, como el IX Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña, otorgado por la Academia Mexicana de la Lengua. Y esta vez, en el año en curso, el Premio Nuevo León Alfonso Reyes 2025.
En este marco, dialogamos con tres miembros pertenecientes al área de Humanidades de la Universidad de Monterrey,con el propósito de exponer sus ideas, testimonios y puntos de vista en relación con la obra de Irene Vallejo.

¿De qué modo el arte apoya el legado de la humanidad?
JFZ: Vallejo nos recuerda que el arte es una prótesis de la memoria: una manera de alargar el aliento humano más allá de una vida. Con juncos, pigmentos o celuloide, las sociedades han ido dejando señales para que el pasado no se disuelva del todo. Por medio de la transfiguración de la experiencia, la escritura, la pintura o el cine toman lo fugaz y lo vuelven forma: del dolor hacen relato, de la alegría, canto, y de lo cotidiano, símbolo. No solo guardan datos; dan sentido a lo vivido. Es así como el arte teje continuidad entre generaciones. Cada obra es un puente que conversa con quienes vinieron antes y abren conversaciones con quienes vendrán después. El arte rescata voces que no suelen entrar a los archivos oficiales: memorias locales, testimonios íntimos, tradiciones orales. Al hacerlo, ensancha la memoria común y hace más humana la herencia que compartimos.
Desde el humanismo, el arte no es mausoleo del pasado, sino hogar hospitalario del tiempo: abriga memorias, invita a la crítica y nos compromete a continuar la conversación. Gracias a esas obras, la humanidad no solo recuerda: se recuerda a sí misma.
KLB: La relación entre el arte y la memoria es intrínseca. La memoria tiene una relación un poco más obvia con la escritura, ya que esta deja un registro que dure tanto como el medio lo permita, pero la memoria actúa en todo acto creativo. Cuando nosotros estamos recordando algo –aseguran autores como Sigmund Freud o James Hillman–, lo estamos reinterpretando. Lo estamos de alguna manera metodologizando. Cuando intentamos buscar el significado de algo, estamos haciendo memoria. Entonces, definitivamente, si recordamos algo, es para darle un significado y eso está en el núcleo de cualquier rol artístico.
KMA: El arte, de cierta forma, es parte del legado de la humanidad. La humanidad ha sufrido una serie de transformaciones, de cambios que le son propios y le son constantes. Los sentires, las emociones, las experiencias siempre se han transmitido de alguna manera. De esta forma, el arte siempre ha sido un escape, una manera de dejar huella, pero también una forma de trascender, de hacer notar que hemos estado ahí, que nuestras experiencias han sido reales. El arte ha apoyado al legado de la humanidad como una forma de resistencia. Es esta capacidad biocultural que tenemos y que manifestamos mediante el arte lo que muchas veces nos ha llevado a preservarnos, a perseverar y a continuar con un camino que en ocasiones ha sido turbulento. Además, el arte, como se presenta en otro de los textos de Vallejo, El manifiesto por la lectura, nos ayuda a imaginar el legado de la humanidad. No solamente ese es el sentir o las experiencias, sino también el innovarnos con creaciones tecnológicas que solamente surgen de la creación artística o de la capacidad imaginativa. El impulso creativo es verdaderamente el inicio de todo razonamiento lógico del ser humano y eso se manifiesta en el arte.
¿De qué manera se preserva la memoria y la historia por medio de los escritores o artistas que redactan una supuesta verdad?
JFZ: Irene Vallejo nos instruye a mirar a los libros como huellas vivas de nosotros: que los libros son objetos frágiles que, sin embargo, resisten la intemperie del tiempo, como nosotros también. Los escritores preservan el mundo eligiendo un ángulo, formulando hipótesis de sentido. La trama, la metáfora, el ritmo son instrumentos del recuerdo; hacen visible lo que la costumbre o lo cotidiano vuelve invisible. Cuando un autor escoge una voz, salva del naufragio a una experiencia; cuando cita, comenta o imagina, nos entrega un mapa para volver a encontrar esa voz que parecía ya perdida. En ese gesto hay un acto humano de amor y una ética también: reconocer que la verdad humana suele llegar en forma de relato, parcial, es cierto, pero abierto a corrección y diálogo. Los lectores son los anónimos custodios del archivo, guardianes de la voz escrita. Subrayan, discuten al margen, recomiendan; recurren a su propia memoria, quizá discuten con el autor, quizá de alguna forma llegan a amar. Las comunidades lectoras, clubes, aulas, bibliotecas son diques contra el olvido: convierten un texto en conversación y una conversación en tradición. Cada relectura es un segundo nacimiento de la obra. Los artistas de la imagen, fotógrafos, cineastas, pintores, guardan en sus textos instantes que el tiempo devoraría para siempre. Su encuadre del tiempo humano es una pregunta con forma de luz. Su “verdad” es una linterna breve que ilumina lo suficiente para que caminemos un poco más. En conjunto, estos oficios levantan contrapesos al olvido. A través del arte, la historia no se congela: respira. Y cada vez que un lector abre un libro, un director monta una escena o una mano vuelve a escribir, la memoria de la humanidad, tan vulnerable como un junco en el río, vuelve a ponerse en pie.
KLB: Todo registro está incompleto, incluso los registros históricos que intentan ser precisos o “científicos”. Esto es debido a que pasan por un proceso en el que el historiador decide qué es lo que quiere registrar y lo que se deja afuera. Igualmente, el historiador no sabe ni conoce el cuadro completo, por lo que solo puede basarse en los registros que él tiene a la mano, y esto funciona de igual manera con el escritor o con el artista. Ellos deciden qué elementos de la memoria quieren preservar y cuáles se desechan, y esa es una constante. La historia, la forma en la que la registramos, sea de una forma científica o artística, siempre va a ser parcial y estará sujeta a la persona que lo narra y al significado que se le brinda.

KMA: Eduardo Pérez Nieto afirma que el artista crea una realidad mejor que la que tenemos y creo que no todos los artistas, o al menos no en este parámetro de lo mejor, sino que los artistas, los escritores, lectores, fotógrafos redactan una realidad o una verdad que pasa por un filtro que tiene una impresión estética, y esta impresión estética es algo que no se va a repetir. De esta misma forma, la memoria y la historia tampoco se van a repetir o, si lo hacen, serán con sus propias modificaciones, pero precisamente nosotros como creadores fungimos como el archivo histórico de todas estas cosas que no sólo le suceden a la humanidad, sino que nos suceden. Javier Zubiri menciona que el humano es un animal de realidades. El artista es como un archivo, un antropólogo que se encarga de presentarle al mundo esta realidad individual. Los lectores también tienen un papel muy importante porque son quienes reciben esta realidad individual y a partir de esta crean la propia; entonces se crea una cadenita de interpretaciones, experiencias y sentimientos. Entre todas estas realidades, entre toda esta amplia gama, existe una extensa variedad de visiones individuales. Es así como se puede entablar una relación que es, finalmente, uno de los propósitos del humano, que es que somos seres sociables que buscan relacionarse con el otro. Entonces creo que se preserva la memoria de los otros con la revalorización que se da mediante el diálogo en un punto dado en un momento dado.
¿De qué forma ayuda el arte a que lo clásico persista y se pueda preservar esa conexión con la antigüedad y la actualidad?
JFZ: Lo que consideramos un clásico perdura porque generaciones enteras deciden no soltarlo, deciden preservarlo, sostenerlo, y el arte es el modo privilegiado de ese asidero. Es el arte quizá el que da la hospitalidad para que lo antiguo permanezca vivo. Es de esta manera que diversas ramas del arte apoyan a que siga existiendo esta conexión. Cada nueva versión de un texto abre puertas lingüísticas y culturales actuales; no fosiliza, reactiva el texto. Traducir es volver a elegir el mundo palabra por palabra. Al adaptar un texto, ya sea por medio de una obra de teatro, una novela, un cómic, una película se está permitiendo que la misma pregunta humana vuelva a interpelar a públicos distintos sin perder su nervio ético y humano. Nada nos es ajeno, a pesar del tiempo tan extendido. Con la Filología, la curaduría, la restauración y las bibliotecas (físicas y digitales) se sostiene la memoria material para que la conversación simbólica pueda continuar. Con las tecnologías, como la digitalización, los audiolibros, las plataformas, mientras más manos y ojos sobre las obras, menos riesgo de olvido. La distancia temporal y física se acorta cuando dejamos la puerta entreabierta. Desde una visión humanista, lo clásico persiste cuando el arte lo ofrece, lo recrea, lo expone y lo exige. El arte ofrece lo clásico como casa abierta a todos y lo exige como medida que nos saca de la indiferencia. Así, ya sean juncos que iniciaron los libros o planchas de arcilla que gestaron las pantallas actuales, las obras antiguas siguen siendo faros: no para mirar hacia atrás con nostalgia, sino para orientarnos juntos en el presente. E incluso, mostrarnos un atisbo de un futuro que aún es posible.

KLB: Se presenta un debate bastante complejo porque, ¿qué es lo que hace que una obra se vuelva clásica? Por un lado, sí, puede tener motivos, temas, imágenes que son universales o que trascienden a su tiempo y que pueden ser interpretados y reinterpretados constantemente. Pero, sobre todo, son obras que tienen mucha suerte. Mientras que en la antigüedad se preservaron algunos textos de Sófocles, Esquilo, Aristófanes, se perdieron muchos otros. Se pueden haber perdido textos de artistas de tragedias que quizás eran tan buenos o mejores que ellos. Por eso es que creo que tuvieron suerte; tienen suerte los que se preservan y también es importante considerar la serie de circunstancias que los eleva a esa categoría. De este mismo modo, se les puede llamar clásicos porque así decidimos considerarlos. Son clásicos porque hay una tradición que los mantiene como tales, pero, si me lo preguntas, si las circunstancias hubieran cambiado aunque sea ligeramente, si se hubiera alterado una pequeña cosa en la historia, muchos de esos clásicos hubieran desaparecido completamente de la memoria y quizá otras obras hubieran ocupado su lugar.
KMA: Es necesario primero preguntarnos qué es lo clásico, qué es lo que consideramos como un clásico. A partir de eso podríamos hablar de cómo el arte ayuda a que esto sea lo clásico. Lo clásico, para mí, es lo que apela al espíritu del tiempo. La generalidad de las personas y con lo que nos podemos identificar, lo que podemos sentir conjuntamente como una especie de conciencia colectiva. Creo que el arte ayuda a que esta conciencia colectiva salga del individuo y hace que lo clásico se exprese de una manera alternativa. Se pueda preservar esta conexión más que con la antigüedad, sino con las ideas que se arrastran desde muchos tiempos distintos hasta el día de hoy y que resuenan con nosotros.
Igualmente, se promueve un cuestionamiento a las ideas antiguas. El arte también es esa herramienta que nos ayuda a denunciar aquello con lo que no estamos de acuerdo, que es parte de lo preservado durante tanto tiempo, ¿no? Creo que es parte también de la preservación de una idea. Personalmente, las ideas universales, para mí, si es que llegaran a existir, que lo pongo mucho en duda, siempre están en constante renovación, y creo que eso es algo que sufren también los clásicos. Estos siempre están ahí para que nosotros las desmenucemos, las desenmarañemos, las volvamos a construir, las derribemos, y pues que nos entretengamos un rato jugando con ellos para, pues finalmente, encontrar algo que nosotros queremos, que es expresar.





