Sería muy difícil imaginar y comprender el mundo que habitamos sin tomar en cuenta el deporte, pues constituye una parte fundamental de las sociedades contemporáneas. Una persona puede ser o no aficionada a alguna disciplina, pero resulta casi inevitable escuchar conversaciones sobre los resultados del fin de semana o recibir una invitación para participar en unas “retas” de voleibol, baloncesto o cualquier otro deporte.
En realidad, las cosas no eran tan distintas en el pasado. La Antigua Roma también concedía un gran valor al deporte. El presente artículo se propone establecer un diálogo entre la sociedad romana y la actual, a fin de evidenciar una dicotomía cimentada, por una parte, en el poder y la influencia política del deporte y, por la otra, en la pasión que genera.
Roma y el uso del deporte
Como parte de la herencia griega, los deportes formaban parte de la vida romana y constituían uno de los principales pasatiempos de los jóvenes1. Por tal motivo, se construyó un imaginario deportivo y religioso en el que las pruebas atléticas se mezclaban con las celebraciones religiosas. Esta combinación confería un carácter ceremonial y simbólico a las prácticas de ocio romanas2.
Es importante mencionar que, por excelencia, todo acto público está cargado de significación política. Por lo tanto, el deporte fue un elemento constitutivo de la sociedad romana: fortaleció el sentimiento de ciudadanía, proporcionó reconocimiento social y honores públicos y, al mismo tiempo, exaltó el poder del emperador.
El estadio era uno de los principales edificios destinados a los eventos físico-deportivos y funcionaba como un espacio en el que los emperadores realzaban su grandeza mediante certámenes celebrados en su honor. Dado que estos acontecimientos despertaban la pasión de las masas, la participación en las actividades deportivas se tomaba con seriedad.
Aunque los deportes entretenían a la población, su función no se hallaba limitada a dicha tarea: también se practicaban pro gloria et virtutis causa, es decir, para “alcanzar la gloria y realzar el valor sobre los semejantes”1. Puesto que el reglamento establecía condiciones de igualdad entre los participantes, la victoria representaba un proceso de dignificación ante la sociedad romana. Por esta razón, el deporte adquirió un carácter profesional y la victoria fraudulenta se castigaba con severidad1.
Alrededor de las actividades deportivas surgieron negocios como casas de apuestas, única excepción aceptada a la prohibición general de juegos de azar. También proliferaron los prestamistas que financiaban el entrenamiento de atletas y, cuando salían victoriosos, retornaban el costo de la inversión, de manera semejante a lo que sucede actualmente con los patrocinios deportivos1.
No obstante, prácticas como estas no estuvieron exentas de críticas. Por ejemplo, los estoicos consideraban que la pasión, la exaltación y el júbilo provocado por los espectáculos deportivos podían conducir al descontrol de las masas, mientras que los cristianos asociaron dichos eventos con idolatría, crueldad, lujuria y adoraciones al diablo2.

Con frecuencia se atribuye la construcción del deporte moderno a la Inglaterra del siglo XIX, donde comenzó a diferenciarse el deporte, tal como lo conocemos, de los rituales religiosos y las actividades agonísticas1. A pesar de esto, la realidad que construyó la Antigua Roma en torno al deporte no difiere mucho de la actual, pues todavía contamos con la presencia de casas de apuestas, ovaciones y en la que también están presentes las casas de apuestas, las ovaciones y los patrocinadores.
Política y capitalización del deporte
En la sociedad mexicana, el deporte forma parte de la vida cotidiana, pero el fútbol ocupa un lugar especial. Se trata de un deporte de alcance universal en el que, idealmente, no importan la altura, el físico, el tono de piel ni el género, sino las habilidades con el balón: todos son iguales dentro del campo y frente a las porterías. Esta aparente igualdad despierta intensamente las pasiones de los mexicanos.
México cuenta con la Liga MX como principal competencia profesional de primera división. En Nuevo León participan dos grandes equipos, cuya rivalidad suele acompañarse, cada fin de semana, de reuniones y carnes asadas. A ello se suma una ocasión excepcional: la Copa Mundial de Fútbol de 2026, organizada por Canadá, Estados Unidos y México. Nuevo León recibirá varios encuentros en el Estadio Monterrey.
Para un país sumamente apasionado por el fútbol, reconocido además por la calidez de su población, el acontecimiento parece una oportunidad extraordinaria. Esto se hizo visible durante los partidos de repechaje, en los que distintas selecciones compitieron por un lugar en el Mundial. Sin apoyar necesariamente a un equipo específico, numerosos mexicanos asistieron a los encuentros, vitorearon a los participantes y convivieron con aficionados de Jamaica, Bolivia, Surinam y Nueva Caledonia. El deporte puede funcionar como un elemento de unión y contribuir a romper barreras culturales. Sin embargo, cabe preguntarse si también posee una significación política semejante a la que tuvo en Roma.
Desde sus inicios, la Copa Mundial de Fútbol ha estado vinculada con propósitos políticos. Entre ellos se encuentra el sportswashing, mediante el cual se pretende “lavar” la imagen pública de un Estado o una institución a través del deporte y desviar la atención de las violaciones de derechos humanos. Esto ocurrió, por ejemplo, durante el Mundial de Catar 2022, cuando las denuncias quedaron parcialmente opacadas por el espectáculo futbolístico. Otros usos políticos son la propaganda, que puede promover un nacionalismo asociado con una imagen de modernidad y ocultar prácticas autoritarias, y la supuesta “neutralidad” de las instituciones deportivas ante decisiones políticas que afectan a la población3.
Además, es importante destacar la capitalización del deporte. En este ámbito existen élites que establecen los reglamentos, determinan qué está permitido y qué está prohibido e imponen una forma de pensamiento centrada en la victoria. El sentido de la ganancia se transforma: donde antes podía existir un impulso hacia la victoria entendida como superación personal y trascendencia, aparece ahora el beneficio monetario y un modelo de éxito impuesto por el sistema.
La capitalización del deporte implica también la capitalización del tiempo libre. Las actividades de entretenimiento realizadas fuera del ámbito laboral se convierten así en fuentes de ganancias4. No solo se capitaliza el ocio, sino también el sentido de pertenencia a una comunidad. Se vende una experiencia vinculada con el imaginario colectivo y se amplía la gama de productos de consumo, aunque muchas veces estos no se encuentren al alcance de toda la población: “Los deportes son […] cada vez más vistosos y con mayores atractivos, convirtiéndose en un espectáculo comercial en el que se venden camisetas, recuerdos y souvenirs, pero también el imaginario de ‘ser parte de algo’, aunque para acceder a ello se requiera un nivel adquisitivo elevado”4.
Esta observación permite reflexionar sobre los partidos amistosos de la selección mexicana y preguntarse por qué la mayoría se disputa en Estados Unidos. Una posible explicación es que estos encuentros apelan al sentido de identidad de los mexicanos que residen en ese país. Quienes buscan conservar una conexión con su patria pueden encontrarla en el fútbol; al mismo tiempo, las élites deportivas obtienen ganancias multimillonarias a partir de ese vínculo.
A pesar de que México será una de las sedes mundialistas, los precios de las entradas se han elevado. El boleto más barato para algunos partidos puede equivaler a treinta salarios mínimos, aunque anteriormente el fútbol se consideraba una forma de entretenimiento más accesible5.
Asimismo, el país enfrenta problemas graves: la crisis de desapariciones, con un registro de hasta 132 534 personas desaparecidas6; la inseguridad y el crimen organizado; las deficiencias en la planeación urbana y el transporte público; y la inestabilidad económica. Estas problemáticas contrastan con la magnitud del acontecimiento deportivo que se avecina 3, 7, 8, 9 .
Una de las formas de protesta consiste en manifestarse durante los eventos deportivos para contrastar el júbilo de la victoria con un contexto de impunidad persistente. De este modo, un acontecimiento de tal magnitud obliga a cuestionar qué asuntos consideran verdaderamente importantes quienes ejercen el poder.
Por otro lado, en los últimos años Estados Unidos ha adquirido un papel dominante en la organización de competencias deportivas internacionales. Además de participar como sede de la Copa Mundial de Fútbol de 2026, será anfitrión de los Juegos Olímpicos de 2028 y de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2034. Estas competencias se celebrarán en un ambiente de tensión internacional marcado por las políticas migratorias estadounidenses y diversos conflictos geopolíticos. Por ello, la organización de estos eventos también puede interpretarse como una forma de ejercer y exhibir poder dentro de la geopolítica mundial.
Durante el esplendor de Roma, el deporte hizo visible la dignidad alcanzada mediante la victoria en una competencia regulada, pero también funcionó como una herramienta política para glorificar a las figuras de poder, especialmente al emperador. En la actualidad, la Copa Mundial puede utilizarse como instrumento de distracción y como una forma de exhibir poder ante el mundo. Se convierte, además, en un acontecimiento capitalizado en el que la esencia del deporte corre el riesgo de quedar relegada.
Sin embargo, su instrumentalización no impide que el deporte despierte pasiones, ovaciones, lágrimas y admiración hacia figuras como Cristiano Ronaldo o Lionel Messi, así como hacia otros fenómenos populares vinculados con el fútbol. Este deporte continúa funcionando como una herramienta de cohesión social: une a conocidos y desconocidos y produce un júbilo y una calidez difíciles de sustituir.
Estos sentimientos contradictorios plantean varias preguntas a los espectadores: ¿deberíamos seguir disfrutando aquello que amamos a pesar del panorama político actual? ¿Lo que vivimos es resultado de nuestra pasión o de una agenda política? ¿El deporte contemporáneo representa principalmente unión o política?
Este ensayo no pretende satanizar las prácticas deportivas, sino abrir un espacio de reflexión sobre ellas. El deporte reúne espacios de convivencia, ocio y encuentro ciudadano, pero también propaganda política, identidad nacional, pasiones colectivas, progreso socioeconómico, inversiones y patrocinios. Debido a esta convergencia de dimensiones, resulta difícil establecer una frontera precisa entre unas y otras. Tanto hace miles de años como en la actualidad, el deporte despierta el fervor popular y una veneración casi religiosa, acompañada de un reconocimiento público difícil de sustituir.
El deporte posee, por lo tanto, un carácter trascendental en la sociedad. Ya sea mediante el atletismo, las carreras de aurigas, el fútbol o el voleibol, ocupa un lugar singular en la vida humana. Aunque ayer fue utilizado por los emperadores y hoy puede ser instrumentalizado por las élites, conserva su capacidad de despertar pasiones.
Es fundamental recordar que quienes amamos el deporte también podemos alzar la voz ante las injusticias y aprovechar la unión que este genera para impulsar cambios: “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar, tiene el poder de unir a las personas como pocas otras cosas lo hacen. Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras sociales […] puede crear esperanza donde antes solo había desesperación”10.
Referencias
[1] Arredondo López, P. (2008). Los deportes y espectáculos del Imperio Romano vistos por la literatura cristiana. Foro de Educación, (10), 265-280.
[2] Sánchez Hidalgo, A. J. (2015). El deporte atlético en Roma. Un estudio acerca de la idea de Bien en el deporte. Fair Play. Revista de Filosofía, Ética y Derecho del Deporte, vol. 3 n.1 http://hdl.handle.net/10396/18019
[3] Wilson, J. (2025). At World Cup 2026, the US risks a diplomatic own goal. Bloomberg. Recuperado el 18 de mayo de 2026 de
https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-09-12/at-world-cup-2026-the-us-risks-a diplomatic-own-goal
[4] Celis Galindo, D. (2026). La Geografía Histórica en el análisis del deporte en la vida cotidiana de los sistemas socioeconómicos. Revista Inclusiones, 13(1), 147-174.
https://doi.org/10.58210/ri3711
[5] Durán V. (2026, mayo 28). Estadio Banorte inaugura Mundial 2026: boletos caros e historia. Milenio.
https://www.milenio.com/futbol-internacional/mundial/estadio-banorte-inaugura-mundial -2026-boletos-caros-historia
[6] Muñoz, A., & Urrutia, A. (2026, 27 de marzo). En México hay 132 mil 534 personas desaparecidas; la mayoría de los últimos 20 años. La Jornada.
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/27/politica/en-mexico-hay-132-mil-5 34-personas-desaparecidas-la-mayoria-de-los-ultimos-20-anos
[7] Alva, V. (2026). Mundial 2026 enfrenta retos ante crisis internacional y violencia. Milenio. Recuperado el 18 de mayo de 2026 de
https://www.milenio.com/deportes/mundial-bajo-presion-politica-y-social
[8] Atayde Zarco. (2026). El Mundial del 2026, también en cancha política. Milenio. Recuperado el 18 de mayo de 2026 de
https://www.milenio.com/deportes/el-mundial-del-2026-tambien-en-cancha-politica
[ 9] El Economista. (2026). Más allá del fútbol: riesgos sociales y de seguridad que rodean al Mundial 2026 en México. El Economista. Recuperado el 18 de mayo de 2026 de https://www.eleconomista.com.mx/amp/politica/futbol-riesgos-sociales-seguridad-rodean mundial-2026-mexico-20260124-796748.html
[10] Mandela, N. (2000, mayo 25). Discurso en la inauguración de la Laureus World Sports Awards. Mónaco.





