Acostumbro leer noticias internacionales todos los días, al despertar. Mi área de especialización es la economía internacional y, desde hace muchos años, tengo un gusto especial por seguir lo que sucede alrededor del mundo. El 28 de febrero de 2026, al abrir el portal que suelo consultar primero, me enteré del inicio de una nueva ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán. Las noticias se acumulaban rápidamente, y distinguir entre la información confirmada y las noticias falsas es cada vez más difícil y tardado.
La ofensiva se llevó a cabo bajo el argumento que apuntaba al potencial peligro de la capacidad armamentística de Irán. En junio de 2025, Estados Unidos e Israel ya habían iniciado una agresión contra el país persa con ataques directos a sus instalaciones nucleares. No obstante, aunque el argumento principal fue mermar la capacidad nuclear y de misiles balísticos de Irán y su apoyo a grupos armados regionales –como ocurre con la mayoría de los conflictos internacionales–, el problema es mucho más complejo e incluye tensiones religiosas, áreas de influencia regional y el mercado del petróleo.
El petróleo en la economía mundial
Si bien el uso del petróleo en una economía industrial tiene menos de un par de siglos, su empleo en la vida diaria de diferentes comunidades a través del tiempo data desde de la prehistoria. La importancia del petróleo en la economía está asociada a la era industrial y, con ello, al primer gran salto tecnológico reciente. La Primera Revolución Industrial (1760-1840) transformó las sociedades agrarias en industriales mediante la mecanización de la producción y el uso intensivo del carbón como fuente de energía. Este cambio fue de la mano con la incorporación de la tecnología a las dinámicas económicas a través de la máquina de vapor y la mecanización del sector textil, lo que requirió mayores fuentes de energía tanto para el funcionamiento de las máquinas como para la iluminación y la vida en las ciudades. En esta primera fase, el carbón fue la base de los insumos energéticos.
Más allá de esta etapa, el desarrollo y uso de la máquina de vapor permitió el inicio de una segunda transición donde la industrialización se aceleró con la difusión de la electricidad, la industria del acero y el creciente uso del petróleo. El punto de quiebre se dio con la perforación del primer pozo petrolero comercial por parte de Edwin Drake en Pensilvania, Estados Unidos, en 1859, mediante el uso de una máquina de vapor adaptada.[1] Unas cuantas décadas más tarde, el petróleo se convirtió en uno de los pilares de la industria energética mundial, especialmente a partir de la invención del motor de combustión interna.
El gran auge del petróleo en la economía mundial se asocia con el desempeño económico y las necesidades del sector industrial en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, un periodo caracterizado por el crecimiento acelerado de la economía en países como Estados Unidos, Alemania y Japón. En el periodo de posguerra, la expansión del automóvil, la petroquímica y la agricultura moderna disparó la demanda mundial del petróleo.
La sustitución relativa del carbón por el petróleo y el gas natural especialmente en el transporte marítimo y, posteriormente, en buena parte del transporte ferroviario mediante locomotoras diésel, así como en centrales eléctricas, fue progresiva e impulsada por su mayor eficiencia y facilidad de transportación. A la par de estos cambios, el descubrimiento de grandes yacimientos petroleros reforzó su importancia en la economía y reconfiguró las dinámicas geopolíticas a nivel mundial. Entre los yacimientos más grandes, una cantidad importante se encuentra en Medio Oriente, destacando Ghawar (Arabia Saudita), Burgan (Kuwait), Rumaila (Irak), Ahvaz (Irán) y el campo compartido North Field/South Pars entre Catar e Irán. Aunque existen importantes yacimientos en otras regiones a nivel mundial como la Faja Petrolífera del Orinoco en Venezuela, la Cuenca Sedimentaria del Oeste en Canadá, la Cuenca Pérmica en Estados Unidos, la Cuenca de Siberia Occidental en Rusia o el Complejo Cantarell en México, Medio Oriente se proyectó como el líder de una industria indispensable para el funcionamiento de la economía mundial y como una fuente constante de tensiones geopolíticas por el dominio del recurso base de la producción industrial.
En la actualidad, el petróleo sigue siendo la fuente más importante de energía primaria a nivel mundial. Con datos de 2024, su participación en el consumo de energía es del 29.7%, seguida del carbón con 24.6% y del gas natural con el 22.1%.[2] Más allá de su peso en el total de la generación de energía, el petróleo es la base para el transporte terrestre, marítimo y aéreo, a lo que se suman derivados esenciales como el plástico, los lubricantes, los textiles y los fertilizantes. Detrás del petróleo están las calles por donde andamos, los autos que manejamos, la ropa que vestimos y la comida que consumimos. En este contexto, Medio Oriente es de vital importancia; si bien a nivel individual Estados Unidos lidera la producción de petróleo crudo y condensado de arrendamiento –la mezcla total de hidrocarburos líquidos que se extraen directamente en la boca de un pozo– con 13.6 millones de barriles por día, la producción conjunta de Arabia Saudita, Irak, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait alcanza los 24.5 millones de barriles por día, casi el doble que la del país norteamericano.[3]
La importancia de Medio Oriente radica en la abundancia del petróleo y sus derivados, así como en su cercanía con dos grandes mercados de consumo: el europeo y el asiático. Para su transporte existen tres vías marítimas clave[4]: el Estrecho de Ormuz, que es la salida del Golfo Pérsico al que tienen acceso Irán, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Kuwait e Irak; el Estrecho de Bab el-Mandeb, que separa la Península Arábiga del continente africano; y el Canal de Suez, que conecta el Mar Rojo con el Mar Mediterráneo atravesando Egipto. Las tensiones regionales y los continuos conflictos geopolíticos han dificultado el desarrollo de una infraestructura sólida de oleoductos, lo que mantiene la centralidad del transporte marítimo y, con ello, la profunda dependencia global de estas rutas clave.
Tensiones regionales, conflicto global
En el conflicto de Medio Oriente interactúan al menos tres fuentes de tensión: la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán, el conflicto árabe-israelí y la influencia de las potencias globales en la región.
La rivalidad entre Arabia Saudita e Irán, las dos grandes potencias de la zona, combina factores religiosos, históricos y geopolíticos.[5] El conflicto religioso se remonta al año 632 d.C., cuando la muerte del profeta Mahoma abrió una disyuntiva sobre quién debía ser su sucesor. Por una parte, un grupo –hoy conocido como el de los chiitas– entendía la sucesión como un derecho divino, por lo que el liderazgo debía permanecer dentro de la línea sanguínea del profeta. Irán cuenta actualmente con una mayoría chiita. Por otra parte, el grupo ahora mayoritario en el Islam, los sunitas, consideraba que el sucesor debía ser elegido por consenso de la comunidad. Además, suele existir una confusión entre la pertenencia a la religión musulmana y el uso del término árabe. Arabia Saudita es predominantemente sunita. En este mapa identitario, Arabia Saudita es un país mayoritariamente de etnia y habla árabe, mientras que la mayor parte de la población en Irán es persa y su idioma es el farsi.
Estas tensiones también se reflejan en sus respectivas relaciones exteriores. Mientras que Arabia Saudita mantiene una relación cercana con los Estados Unidos –donde el hecho de aceptar la comercialización del petróleo en dólares ha contribuido a reforzar el papel internacional del dólar como principal moneda de reserva a nivel mundial–, Irán, especialmente tras la Revolución Islámica de 1979, ha sostenido una postura de hostilidad mutua con Washington y recientemente ha estrechado su cercanía con otras potencias como China.
El otro gran foco de tensión está enmarcado en las relaciones árabe-israelíes.[6] Desde la creación del Estado de Israel en 1948, este país ha estado envuelto en sucesivas guerras con Egipto, Siria, Jordania, Líbano y otros actores regionales. Detrás de este conflicto histórico subyace la disputa por territorios con fuertes orígenes religiosos, reflejada en el estatus de Jerusalén o en las reivindicaciones territoriales defendidas por algunos sectores del nacionalismo sionista bajo la idea del “Gran Israel”.[7]
La posición de los países árabes frente a Israel ha evolucionado con el tiempo; estados como los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin acercaron posturas diplomáticas con el Estado israelí mediante los Acuerdos de Abraham, mediados por Estados Unidos. Este acercamiento supuso una ruptura con la postura de otros Estados árabes enmarcados en la Iniciativa de Paz Árabe, la cual condicionaba la normalización de relaciones diplomáticas con Israel a su retirada de los territorios ocupados y al establecimiento de un Estado palestino independiente. Más recientemente, estas tensiones entre los países árabes y musulmanes se han agravado a partir de los hechos que diversos relatores especiales de Naciones Unidas han calificado como genocidio.[8]
Finalmente, la región es, como la mayor parte del mundo, un territorio en disputa entre las dos potencias económicas y geopolíticas actuales: Estados Unidos y China. China se ha convertido en el principal destino del petróleo iraní y en uno de sus principales aliados económicos y diplomáticos, especialmente tras la retirada estadounidense del acuerdo nuclear. Limitar las exportaciones de crudo iraní es, a su vez, una estrategia para restringir el acceso de China a energéticos baratos, acotando su capacidad de consolidarse como una potencia capaz de hablar de tú a tú a los Estados Unidos, tanto a nivel económico como diplomático. En medio de estas tensiones geopolíticas se encuentran Medio Oriente y sus habitantes, quienes sufren directamente las consecuencias de las visiones imperialistas que prevalecen entre las potencias hegemónicas.
El mundo después del 28 de febrero de 2026
La intensidad, rapidez y alcance de los ataques de Estados Unidos e Israel en territorio iraní sugerían que la guerra concluiría pronto. Esta expectativa aumentó tras confirmarse la muerte del ayatolá Alí Jamenei en los bombardeos, así como la posterior baja de varios niveles del mando político-militar iraní. No obstante, la estructura jerárquica de Irán estaba preparada con un sistema de sucesión que le permitió mantener el poder y el control militar en el territorio.
Es posible que la expectativa de un cambio de régimen se sobredimensionara debido al reciente precedente en Venezuela, donde agentes norteamericanos secuestraron con éxito al presidente Nicolás Maduro. Sin embargo, Irán no es Venezuela: la capacidad armamentística del país persa, su extensión territorial, su geografía y su particular estructura militar permitieron la supervivencia del régimen de los ayatolás y el inicio de una guerra asimétrica.
En términos estrictamente militares, la superioridad de Estados Unidos e Israel es abrumadora. Hasta ahora, los acontecimientos sugieren que la falta de claridad en las metas y en las estrategias de salida ha inclinado la balanza en otra dirección. Irán ha emprendido una estrategia de presión mediante ataques con misiles y drones dirigidos a instalaciones energéticas de los socios regionales de Estados Unidos. Esta guerra asimétrica aprovecha el uso de drones y misiles balísticos cuyo coste de fabricación es significativamente inferior al de los sistemas necesarios para la defensa aérea enemiga. Más aún, Teherán sabe ahora que tiene a su alcance la posibilidad de cerrar el paso por el estrecho de Ormuz, lo que estrangularía los mercados energéticos y acarrearía costos económicos y electorales muy altos para el actual presidente estadounidense.
Mientras esto sucede, la incertidumbre económica mundial continúa aumentando. A los problemas derivados del conflicto en Oriente Medio se suman las continuas tensiones geopolíticas impulsadas por Estados Unidos a través de presiones arancelarias y la búsqueda del control sobre territorios que antes se habrían considerado impensables, como el caso de Groenlandia. Este panorama asegura que, al menos durante los próximos dos años, la incertidumbre reinará en las decisiones económicas globales. Para México, este escenario es todavía más complejo de gestionar, dada su profunda dependencia comercial con su vecino del norte y la reciente decisión de revisar anualmente el T-MEC.
En un mundo donde la geopolítica y las relaciones de poder vuelven a redefinir las reglas del comercio, la energía y la inversión, comprender el conflicto en Medio Oriente deja de ser un ejercicio de curiosidad internacional para convertirse en una necesidad para quienes tratan de comprender y encarar los retos económicos que enfrentará México en los años venideros.
Referencias
[1] Dupont, R., Ganesan, K., & Theodore, L. (2016). Pollution prevention: Sustainability, industrial ecology, and green engineering (2.ª ed.). CRC Press. https://doi.org/10.1201/9781315368436
[2] Ritchie, H., & Rosado, P. (2024, enero). Energy mix. Our World in Data. https://ourworldindata.org/energy-mix
[3] U.S. Energy Information Administration. (2026, 9 de julio). The United States produced more crude oil than any other country in 2025. Today in Energy. https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=67844
[4] Merino, Á. (2024, 20 de octubre). El mapa del petróleo en Oriente Próximo. El Orden Mundial. https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/mapa-petroleo-oriente-proximo/
[5] Faustina, Y. F. (2021). Iran and Saudi Arabia: A realpolitik? En F. J. B. S. Leandro, C. Branco, & F. Caba-Maria (Eds.), The geopolitics of Iran: Studies in Iranian politics (pp. 415–438). Palgrave Macmillan. https://doi.org/10.1007/978-981-16-3564-9_17
[6] Bregman, A. (2011). Arab–Israeli conflict. En G. Martel (Ed.), The encyclopedia of war. Wiley-Blackwell. https://doi.org/10.1002/9781444338232.wbeow034
[7] Acuña, B. (2026). El “Gran Israel” como mito movilizador, artefacto propagandístico y cortina analítica. Foreign Affairs Latinoamérica. https://revistafal.com/el-gran-israel-como-mito-movilizador-artefacto-propagandistico-y-cortina-analitica/
[8] Asamblea General de las Naciones Unidas. (2025, 20 de octubre). Situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967 (Documento A/80/492). Naciones Unidas. https://docs.un.org/es/A/80/492





