A continuación se presenta una versión editada, con más información, de la entrevista realizada al escritor colombiano Fabio Jurado Valencia para el Conversatorio: El universo literario de Juan Rulfo: Muerte, pobreza, fragilidad y desamor.
¿Cuáles son los símbolos más importantes en la literatura de Juan Rulfo que se relacionan con el México del siglo XX?
A la obra de Rulfo se le debe la reivindicación de tópicos culturales que están relacionados con la tradición ancestral prehispánica. Un asunto que pocos críticos han abordado. Yo diría, sobre todo en torno a los modos de asumir en sus obras la vida y la muerte. Rulfo es el primero que logra introducir de manera simbólica, en la escritura literaria, los remanentes culturales de los antiguos mexicas. Esa actitud de espera y de esperanza en sus personajes es análoga a lo que fue la espera de Quetzalcóatl en el universo prehispánico. Esta es una hipótesis interpretativa que yo invito a considerar.
Igualmente, el fervor religioso del México del siglo XX está representado simbólicamente en cuentos como Talpa, Luvina y La noche que lo dejaron solo, una historia en la que interpela el poder de la iglesia, pero manteniendo la religiosidad. Y en Anacleto Morones, un cuento en el que aparece la religiosidad, pero a la vez hay una interpelación sobre la manipulación de ésta. Podríamos decir que no es una religiosidad canónica, sino sincrética, es decir, que convergen principios propios de la religión católica con principios de la ancestralidad indígena.
Rulfo también se interesó por temas relacionados con quienes habitan en centros poblados y en zonas rurales que buscan mejores condiciones de vida y de trabajo, es decir, con el tema de la migración. El cuento Paso del Norte muestra, como ningún otro, lo que es esa tensión y ansiedad de quien abandona a su mujer o a su familia buscando nuevos horizontes y la frustración que se da allí. Ese cuento está muy vigente hoy con todo lo que hemos vivido en América Latina.
¿Cuáles son las constantes en el universo literario de Juan Rulfo que ayudan a definir la identidad mexicana?
Es en el lenguaje de la cotidianidad, en la ciudad, en los centros poblados y las zonas rurales en donde podemos identificar los matices de la identidad del mexicano, y éste es el recurso de mayor vuelo en la obra de Rulfo, tanto en sus cuentos como en sus dos novelas: Pedro Páramo y El gallo de oro. Y se trata de un lenguaje sincrético que se puede rastrear en su obra, donde podemos percibir la simbiosis del castellano antiguo con el moderno, y de los anglicismos y los registros de lengua náhuatl.
Rulfo logra vivificar el lenguaje de los mexicanos y sus identidades con la tierra, la que siempre están buscando, deseando, con la soledad y el rencor, que también está presente en el mexicano y que tiene explicaciones desde la ancestralidad, y que lo lleva a mostrarnos en su obra personajes ensimismados, lo cual está relacionado con una búsqueda de identidad o con una crisis de identidad. Yo creo que Rulfo busca con sus obras, incluidas las fotografías, aproximarnos a esa búsqueda de desentrañar lo que es la identidad de sus personajes y la identidad propia, la de él como autor.
La identidad está relacionada con los lugares, con los hábitos de quienes habitan esos lugares y con la filiación familiar. Yo creo que el personaje Juan Preciado, en Pedro Páramo, es el que más recoge esto que podemos llamar la búsqueda de una identidad, que es la búsqueda de un lugar: Comala, y la búsqueda de un padre que no tuvo. Esto nos puede ayudar un poco a comprender la complejidad de lo que es la identidad.
En Rulfo, la muerte por sí misma es un universo dinámico, paradójicamente se mueve con vida propia y de alguna manera determina y condiciona la vida misma. ¿Qué lectura darle a estos mundos de Rulfo en correspondencia con la realidad mexicana?
En México convive la visión prehispánica con la visión occidental sobre la vida y la muerte. Esto ha permanecido entre los mexicanos. Si vemos los textos que anteceden a la obra de Rulfo, como los que lograron rescatarse sobre todo a partir de los trabajos de Fray Bernardino de Sahagún —los cantos y los poemas de Nezahualcóyotl—, allí encontramos textos que dialogan muy bien con los mundos rulfianos. Por ejemplo, considerar que la vida es un momento efímero que continúa en la muerte, lo cual podemos analizar desde los antiguos cantos, está vigente en el México de hoy.
En el caso de la obra de Rulfo, la conversación entre Juan Preciado y Dorotea es una señal que muestra esa presencia. Los dos ya murieron, pero ahora conversan desde la tumba y reconstruyen los eventos que hacen parte de la historia de Comala. Yo creo que ningún otro autor mexicano había logrado representar simbólicamente esta presencia de la vida y la muerte en una especie de fundido.
Y ese sincretismo entre el catolicismo y la ancestralidad prehispánica en México lo seguimos viendo con la celebración del Día de los Muertos, una festividad muy auténtica, en la que se siente que el difunto vuelve a estar con quienes lo quisieron.
¿Cómo entender la imposibilidad en Rulfo? El amor imposible y no correspondido, la imposibilidad de ser feliz a pesar de tenerlo todo, la imposibilidad de una figura paterna responsable, la imposibilidad de la vida como la imaginamos…
Es una pregunta fundamental para comprender la actitud y el carácter de Rulfo. Todos somos quienes somos, según hayan sido las experiencias en la infancia y en la pubertad. Este es un principio de la filosofía y del psicoanálisis que nos permite comprender cómo el carácter de Rulfo no es ajeno a la crisis afectiva emocional que afrontó con la muerte de su padre y después de su madre estando en un orfanato. Y esa separación de los suyos a una edad tan temprana condujo a un carácter fuerte de silencios, de aislamientos, de sospechas y de dudas, que van a aparecer en su proyecto literario. Pero la sospecha y la duda son inherentes a todo gran artista y ese aislamiento que tuvo que afrontar condujo a la figura propia de un ser reflexivo y silencioso que permanecerá durante toda su vida. Cuando viví en la Ciudad de México, de 1980 a 1986, yo iba a la librería-cafetería El Juglar, que estaba en Avenida Insurgentes, solamente para ver a Rulfo, quien iba todas las mañanas a leer el periódico mientras fumaba y tomaba café. Nunca quise acercarme, porque no quise intervenir en ese momento de reflexión. Yo estaba haciendo la investigación sobre su obra y respeté eso que ya había percibido como propio de su carácter y no quise importunar.
Por otro lado, yo diría que Rulfo fue salvado por los libros. Frente a esa situación que vivió en la infancia y en la pubertad, el riesgo que se tiene es de sujetos díscolos y agresivos. No fue el caso de Rulfo. Y es ahí donde yo digo que los libros lo ayudaron a entrar a vivir en los universos de la ficción y de las construcciones simbólicas que son las literaturas que él devoró. Fue un gran lector y por eso fue un gran escritor.
Como todo artista, Rulfo fue un sujeto incómodo con el mundo y su imposibilidad está relacionada con el proyecto existencial y las dudas inevitables en quien de manera temprana pierde al padre y a la madre, y crece solo. Pero esta imposibilidad no la vivió en el amor, el cual fue correspondido por Clara Aparicio, su esposa.
¿Por qué, a pesar de las referencias a hechos históricos concretos del siglo XX, como la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera, leer a Rulfo hoy parece algo atemporal?
Las grandes obras artísticas son aquellas que permanecen porque hay en ellas un principio de universalidad. Y ésta es la impronta de la obra de Rulfo, sobre todo de la novela. Yo he tenido estudiantes coreanos, japoneses y chinos que vienen a estudiar literatura y, como profesor de la obra de Rulfo, ellos expresaban que esos mundos que se representaban en la novela eran sus mundos, es decir, que eso que está allí, en esa tensión entre la vida y la muerte, es algo que ellos también viven, que hace parte de su cultura. Y esto es lo que llamamos el principio de la universalidad de la obra artística.
En la década de 1970 se leyó mucho a Rulfo porque era un referente para comprender lo que fue la Revolución Agraria en México y, luego, la Revolución Cristera como reacción a la Reforma Constitucional, pero toda obra artística es atemporal, no depende ni del pasado, ni del presente, ni del futuro. Es una obra que se mueve en esos tres tiempos y que es perenne. El hecho de que sigan haciendo la traducción de la obra de Rulfo a distintas lenguas significa que está vigente y que es una obra clásica, que permanece en el tiempo.
¿Qué cosas creadas por Rulfo en su obra continúan siendo distinguidas de su universo literario?
La obra de Rulfo es la mejor vía para comprender la mentalidad de los campesinos y otra vez encontramos aquí el principio de universalidad porque no sólo estamos hablando de los campesinos de México. Cada vez que leemos a Rulfo encontramos allí una representación figurada, simbólica, de lo que es el modo de pensar de quienes habitan en el campo, en las zonas rurales. Los lenguajes de sus personajes son auténticos y están marcados por la oralidad que nos hace sentir que realmente están siendo expresados por los habitantes del campo. Esto no es fácil lograrlo y Rulfo lo alcanzó. Cuando uno lee a Rulfo siente que no está leyendo la escritura, sino que está escuchando, lo cual es otro elemento fundamental a considerar en el estudio de la obra de Rulfo.
¿La cosmovisión en la obra de Rulfo se circunscribe al México del siglo XX o traspasó fronteras temporales, ya sea al pasado o al futuro?
La cosmovisión de los narradores y de los personajes que construyó Rulfo está vigente en las zonas rurales y en los centros poblados. Hay unos arquetipos que están presentes en la obra de Rulfo y por el hecho de ser arquetipos van a permanecer en la cultura. Si bien hay mayores equilibrios sociales en el México de hoy, respecto al México que es representado en las obras de Rulfo, las visiones sobre el poder, la religiosidad y las relaciones entre los vecinos —los que habitan un territorio— permanecen. Digamos que las obras clásicas y emblemáticas, como la de Rulfo, traspasan las fronteras temporales. Son perennes. Y serán leídas en los próximos siglos, así como nosotros leemos a los griegos y a los latinos antiguos, y a las literaturas medievales y del renacimiento. Hay que hacer ese parangón.
¿De qué manera Rulfo nos ayudó a entender las periferias del México revolucionario, como el campo y la pobreza, y de qué manera ese acercamiento del escritor sigue vigente?
A diferencia de la narrativa de la revolución, que Rulfo mismo reivindica, logra tomar distancia de los narradores de ésta para apostarle a un proyecto literario innovador para su tiempo, el cual va a ser objeto de choque en su momento. Cuando él estuvo en el Centro Mexicano de Escritores, su novela fue objeto de muchos comentarios agudos y se le pidió acoplarse a lo que era la narrativa de la revolución. Pero él, como el gran artista que fue, partió de la tradición en la que se movía y la transformó en lo que hoy llamamos la tradición rulfiana, que habrá de permanecer en la literatura latinoamericana y que, por primera vez a partir de la década de 1970, toma distancia de la literatura europea, en el sentido de que empieza a ser vista por los europeos y norteamericanos. Hasta ese momento, nosotros veíamos a esas literaturas como emblemáticas y necesarias.
Y con Rulfo y los escritores que luego vinieron con él —como Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes—, llamados los escritores de la transculturación, quienes le dieron lugar en sus obras a las voces de quienes habitan los espacios rurales, los lectores de otros continentes voltearon a mirar hacia acá. Y es aquí en donde tenemos que decir que hay un antes y un después de Rulfo, porque es él quien abre las puertas para darle lugar a una narrativa muy auténtica, expresada en las literaturas de las décadas del 70 y 80, cuyo antecedente está en Rulfo, quien publica sus principales obras en los años 50.
Igualmente, Rulfo incursionó en las zonas rurales para saber introducir los tonos de los campesinos y luego luchar con la escritura, un escritura que cada vez él perfeccionaba más, lo cual no sólo evidencia la ética del escritor, sino que influyó para que lograra la autonomía de sus personajes.
Traspolando Comala a América Latina, ¿cuánto de este pueblo ficticio continúa representando al continente? ¿Continúa la lucha por la memoria histórica, por el perdón social y por la redención de las culpas del poder, la pobreza y la opresión?
Comala es Macondo. Y, sin duda que, esa novela le ayudó a García Márquez a darle cuerpo a Cien Años de Soledad. Y él lo reconoció siempre. De hecho, aparecen nombres de personajes rulfianos en Cien Años de Soledad, como el padre Rentería y Susana San Juan, que se parece a Remedios, la bella. Hay una serie allí de encuentros que vale la pena considerar. La marginación social de quienes trabajan la tierra, de los campesinos, proviene de la colonia, continuó en la República —en México y en otros países de América Latina— y siguió en el capitalismo del siglo XX. Rulfo fue el único escritor mexicano que dudó de las bondades de la Revolución Agraria. Y por eso la parodia a la revolución que aparece en los cuentos de El llano en llamas y en Pedro Páramo. Atinó en sus sospechas, diríamos hoy. Porque lo que hubo fue la derrota de una burguesía nobiliaria latifundista para dar lugar a otra burguesía, una más contemporánea, más liberal. Y pocos escritores lograron mostrarlo de una manera tan simbólica como lo logró Rulfo. Entonces, todavía pervive en las zonas rurales esta búsqueda por la redención. Las luchas campesinas todavía permanecen buscando más oportunidades. Si bien, insisto, estamos en otro estadio histórico en donde se han logrado mejores equilibrios sociales, tanto en México como en Colombia.
Se están cumpliendo 40 años desde la muerte de Rulfo.¿Cuál es su herencia para el mundo literario?
El legado de Rulfo está en su ética como artista, como escritor y fotógrafo. Tuvo muchas ofertas para publicar y él se resistió porque consideró que lo que necesitaba nombrar literariamente era suficiente con El llano en llamas, Pedro Páramo y El gallo de oro. Y aunque le tendieron trampas, él no cedió. En 1982, bajo el sello editorial Grijalbo, se publicó el libro Para cuando yo me ausente, Juan Rulfo compilador, el cual fue recogido inmediatamente de las librerías porque Rulfo denunció que él no había hecho tal compilación y que no lo había autorizado. Y aunque tuvo necesidades económicas, mantuvo su actitud y su proyecto estético, lo cual es muy loable porque no cayó en el juego del comercio editorial, como otros de su generación. Incluso, aunque el Centro Mexicano de Escritores le insistió para que hiciera Pedro Páramo más llana, más plana, más lineal, él consideró que no había otro modo de representar la cosmovisión de los mexicanos, la mismidad cultural, ideológica y política de los mexicanos que con una novela con esa estructura circular constituida por mosaicos, que son fragmentos. Y, sobre todo, él quiso que el lector tuviera que trabajar para lograr comprender un mundo tan complejo como es el de los mexicanos. Y, en efecto, el lector tiene que trabajar en el sentido de tener siempre presente que un fragmento no remite al siguiente, sino a otro que está más adelante. Y entonces el pensamiento va y viene entre los fragmentos que constituyen Pedro Páramo.





