EDICIÓN QUINCE
EDITORIAL
La relación de inmediatez que mantenemos respecto a los acontecimientos del mundo rara vez permite reparar en el hecho de que, antes de emitir cualquier juicio, experimentamos el mundo a través de emociones que ni siquiera nos pertenecen por completo. Es extraño pensar en ellas como algo propio y ajeno a la vez, pero lo cierto es que nuestra vida emocional, incluso cuando opera de un modo aparentemente espontáneo, ha sido moldeada por la cultura en la que habitamos.
Desde nuestros primeros días en el mundo, alguien respondió a nuestro llanto y, al atenderlo mediante cuidados básicos –en plena etapa de dependencia total– nos enseñó a confiar en el universo cultural y social en el que acabamos sumergidos. Uno puede identificarse con ese mar de expresiones compartidas, apoyarlo, defenderlo; o, por el contrario, mostrar inconformidad ante el espacio social y cultural compartido con otros y tratar de transformarlo.
Independientemente de nuestra opinión o posición personal frente a los símbolos, prácticas y narrativas de la cultura habitada, no podemos negar que dichos elementos se originan en ella y que son estos los que dan forma a las emociones que acabarán por constituirse o no en nuestro interior. Sin embargo, esta relación que mantenemos respecto a nuestras propias emociones también se dirige y posiciona frente a los demás. Son nuestras emociones las que acaban por definir el marco de realidad que podemos conocer y la forma en la que podemos conocerlo.
En este número de Tres Puntos, nuestros lectores encontrarán reflexiones en torno a los problemas que enfrentan los vínculos afectivos del siglo XXI, los retos con los que chocan los actuales marcos jurídicos ante la manipulación emocional que se ejerce a través de redes sociales, un ensayo sobre la obra de Jorge Luis Borges y la melancolía, un alegato a favor del enojo para evitar la desesperanza y otros temas que pensamos para seguir actualizando la conversación.
Martha Nussbaum concibe las emociones como mucho más que impulsos físicos; para ella, estas cuentan con una estructura racional y evaluativa, puesto que expresan cómo vemos el mundo y aquello que nos importa. No hay régimen de control social ni ejercicio de poder cuya forma de operar no se base en determinar aquello que está permitido sentir. Y, en ese sentido –valga la redundancia–, reinventar lo que sentimos es la base principal para impulsar una emancipación
Como siempre, Tres Puntos les da la bienvenida.
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