El eterno cuerpo celeste,
cernido sobre orbes
que abogan por su filo,
por el misterioso ardor
de lo bendito por accidente.
El toque de Sofía, eterno,
que se extiende al negro:
negro hogar del destiempo,
del futuro,
del sol.
El ente vasto, eterno,
que constela ante mí
y tres veces me enamoró.
Me enamoré
por querer descifrarlo.
Este secreto eterno,
que saqueó mi sueño,
es nuestra verdad;
y la verdad más cruda
es la astronomía.





