Piensa que el cuerpo siempre estuvo ahí.
Que su cobijo te perteneció a plena luz del día,
en ese espacio donde la luz significa
que el tacto es una cuestión de mérito.
Mamá dice que ya no duerme, la acción
no seduce a sus párpados.
Creo que en parte es mi culpa
el diablo empezó a velar su cansancio
desde que dibuje con la mirada tu semblante.
Cuando te robé la quietud, para darte forma.
La pupila agrandada
tan similar a la mía.
Me gustaría preguntar si también
tu gemelo se apropia de las sombras.
Si en sueños imita el hambre de tu voz
para dar paso al abandono.
Aunque para hacerlo, tendría que mirar el cielo,
reconocer que el reflejo es más anhelo que otra cosa.
Aviso, solo en la penumbra podrás habitarme.
Si tu voz hace que mamá duerma sin el huésped
dejaré que engullas todo,
hasta mi nombre.





