Hay cosas difíciles de cuadrar: desde una reunión entre viejos amigos de la primaria, una entrevista desde México con un autor español, hasta la organización de políticas que propongan una solución para las problemáticas ecológicas actuales.
Xan López, cooperativista y militante por el clima, se ha visto comprometido con los últimos dos ejemplos. En una conversación desde distintos husos horarios, Xan habla de El fin de la paciencia (2025), su ensayo publicado por la editorial Anagrama. En él propone pensar la manera en que se hace política cuando la crisis ecológica exige un cambio inmediato. ¿Cuál es la normalidad de la política cuando el cosmos mismo parece exigir modificaciones? ¿Es la tradicional política de masas lo natural en la política? ¿Hay tal cosa?
Pensar el cosmos, el entorno y sus componentes, revela la complejidad de los sistemas que mueven nuestro pequeño mundo, al dejar ver lo fácil que se puede dar el caos ante una contraposición significativa de las estructuras sociales y naturales.
Entre los muchos discursos actuales sobre la ecología, ¿cuáles son los que se asocian con el desarrollo de El fin de la paciencia?
El libro parte de dos ideas. La primera es que la crisis climática tiene varios aspectos sin precedentes en la historia de los seres humanos: ante todo, las consecuencias como la superación de los niveles de los gases de efecto invernadero permitidos, el aumento de temperaturas y, por ende, la desestabilización de los ecosistemas, extinciones, pérdidas de cosechas, incendios y alzas del nivel del mar. Evidentemente nos hemos enfrentado a catástrofes naturales de todo tipo, pero no a una tan irreversible como esta crisis. Y la segunda es el problema temporal. No tenemos más de 25 años para hacer enormes transformaciones en la forma en que vivimos, producimos y consumimos, así como en la manera en que nos relacionamos entre nosotros, con los demás seres vivos y con el ecosistema. Entonces, la cuestión es que la forma en la que hacemos política no está adaptada para esta cuenta regresiva imparable. Justo en este momento de la historia climática ha ocurrido, lo que yo llamo en el libro, “el declive de la política de masas” que veníamos cargando durante todo el siglo XX. Estamos en un momento de enorme debilidad de esas fuerzas progresistas emancipadoras: justo en el momento que necesitamos más capacidad de intervención es cuando menos la tenemos.
Presentas un concepto de Anton Jäger: la hiperpolítica, donde, como bien mencionas, lo normal en la política es en realidad la volatilidad, una “disputa frenética”.
Anton Jäger llama hiperpolítica al cómo vivimos la política hoy en día y durante los últimos 20 o 30 años. Se suponía que habíamos establecido una política neoliberal y que sólo había que gestionar, digamos, lo económico a partir de unos consensos muy sólidos. Pero no es así. Lo que plantea Jäger es que ahora vivimos una especie de superpolitización o hiperpolitización de todo lo cotidiano: cualquier conflicto o problema social contemporáneo, cualquier ficción se politiza casi inmediatamente. Hay disputas violentísimas sobre las explicaciones posibles de lo que está pasando en el mundo, sobre cómo se puede resolver; pero todo eso no lleva a ninguna solución. Ante esta hiperpolitización se suelen decir cosas como “el ecologismo ha ido demasiado lejos, a lo que hay que volver es a la política más tranquila”. Yo creo que es un error muy grave que sólo lleva a respuestas reaccionarias y a callejones sin salida para la política progresista. Así, en el libro abordo cómo el siglo XX es una excepcionalidad histórica en materia política, pero algo como la hiperpolítica, tal cual la estamos viviendo, es “lo normal”; esto es, un tipo de manifestación que es más volátil, más confusa, más desorganizada, con miembros que a veces desaparecen, cambian y son difíciles de predecir, en un mundo igualmente azaroso.
Ante esta solidificación política del siglo pasado que mencionas, se desdeñan mucho los saberes y filosofías de pueblos originarios en el tema ecológico, sobre todo desde una glorificación neoliberal. Pensando que ese sistema político-económico solucionará las problemáticas climáticas y sociales, ¿qué recomendarías para aproximarnos a estas alternativas no neoliberales?
Yo creo que se pueden construir alianzas interesantes en las que se puedan forjar lazos de más comprensión, más empatía y más paciencia con las diferencias que uno tiene con el otro. Lo importante es acumular victorias, esa sensación de que sí es posible cambiar y mejorar algo desde la práctica de cada uno. Es posible perseguir objetivos a nivel pragmático que finalmente nos unen a todos, sobre todo desde los saberes del mundo rural o de los pueblos originarios, tanto de América Latina como de donde sea. No hay tiempo para estar chocando sin llegar a ningún sitio. Debemos apostar por la eficacia, la empatía y la humildad, teórica y pragmática.
En tu epílogo, Una civilización solar, haces una analogía: el Sol es alguien que hemos visto como nuestro esclavo energético. Tú propones acertadamente que deberíamos considerarlo nuestro camarada. ¿Qué otras analogías del cosmos nos pueden ayudar a reformar las visiones políticas o ecológicas que tenemos tan arraigadas?
Una cosa en la que he pensado mucho y me parece muy importante es la relación que tenemos los seres humanos con el resto de los animales. Hay paralelismos con esta analogía del Sol, de pasar de verlo como esclavo que sólo existe para servirnos, a verlo como un camarada, como alguien con quien podemos relacionarnos de cierta forma más amable. La agricultura y el consumo masivo de animales, sobre todo para la alimentación, es también responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta. Esta forma de producción industrial existe sin ningún tipo de límite y parece que los animales son objetos que sólo engordamos, matamos y consumimos sin preocuparnos mucho ni de ellos mismos como seres vivos ni de los efectos ecológicos que esto tiene.
Muchas veces la forma en la que nos relacionamos con los animales es una especie de ensayo de lo que luego vamos a hacer con otras personas. Si mejoráramos la manera en la que tratamos a los animales, creo que también mejoraría la forma en la que nos tratamos entre los seres humanos. Es necesario repensar nuestra relación con el resto de seres vivos. La historia de los humanos consiste en darnos cuenta de que no somos el centro del universo. Primero, pensábamos que la Tierra era el centro del universo; luego nos dimos cuenta de que no, ni siquiera el mismo Sistema Solar era la totalidad, sino que era una cosa muy pequeña, una esquina del universo. Ahora quizá otro paso sea también darnos cuenta de que los seres humanos efectivamente tenemos una habilidad muy poderosa de transformar nuestro entorno, de una forma que los otros animales no son capaces de hacer; pero eso no nos pone en ningún centro cosmológico de poder sobre los demás. Me gustaría que saber esto nos llevase más bien a cierta noción de responsabilidad, pues somos los únicos que podemos hacer esto y, por lo tanto, ante cualquier daño que estemos haciendo, somos los únicos que podemos deshacerlo. Es nuestra responsabilidad comportarnos de otra manera con los animales, con el cosmos y con el medio ambiente, en general.

Parece que no podemos deslindar nuestra experiencia social de la natural. Política y ecología tienen una relación mutua muy necesaria, también parecería que no puede darse una sin la otra.
Yo creo que lo fácil sería decir que es imposible hacer una sin la otra. Toda política al final tiene un componente ecológico, porque hoy es una realidad que se está fundamentando ecológicamente. También esto sucede al revés, toda ecología al final tiene un componente político porque somos seres humanos sociales que nos relacionamos con otros. Dicho eso, creo que el hecho de que haya una división analítica, es decir, que sean conceptos diferentes, sí responde a una diferencia real que hay entre ambas.
Creo que era Raymond Williams quien señalaba cómo hay límites ecológicos, naturales a la acción de los seres humanos, que si sobrepasamos nos llevarán a una catástrofe. A veces, sin embargo, el ecologismo actúa con mucha certeza sobre esos límites, y es entonces cuando la política añade un componente de incertidumbre, de humildad epistemológica diciendo “es cierto que hay límites, pero en ocasiones no es fácil ponernos de acuerdo en ellos”. Esa realidad más maleable, más sujeta a la disputa, es lo que aporta la política, un equilibrio inestable entre ambos para dar paso a las discusiones y a las propuestas.
Como autor, propones una visión del cosmos, del entorno, más amable. Como sabemos, finalmente somos un suceso azaroso en un momento particular del espacio y del tiempo. ¿Qué tipo de reflexiones te han llevado a percibir el mundo que de pronto vemos únicamente desde la sociedad y la actualidad?
A mí me resulta fácil dejarme llevar por divagaciones teóricas y por pensar mucho en la inmensidad del cosmos, en lo insignificantes que podemos llegar a ser: pequeños mamíferos en esta roca que gira alrededor de una estrella pequeña, una esquina de una galaxia minúscula. Es verdad que si uno piensa mucho de esa manera puede llegar a concluir que todo es irrelevante, que todo da igual, que el mundo es efímero y que no seremos sino una nota al pie de página en la historia del universo. Aunque eso puede ser cierto filosóficamente, a veces hay que reivindicar la importancia de lo humano. Hasta donde podemos saber, somos los únicos seres que se hacen estas preguntas, que se enfrentan a esta capacidad de reflexionar activamente sobre la situación en la que les ha tocado vivir para transformar sus medios de vida, y así llegar a una situación mejor para ellos y para los que les rodean. Para tomarnos más en serio la política cotidiana hay que tener una perspectiva cosmológica. Tenemos una gran responsabilidad con los seres vivos que nos rodean, con nuestros mismos seres queridos y con el resto de los seres humanos. En ese juego entre la eternidad del cosmos y la cotidianidad del día a día, se puede llevar una vida feliz, asumiendo esa responsabilidad, no como una carga sino como una tarea que nos une.





